Historia roja
Lunes, Marzo 24th, 2008Pasé una y otra vez delante a aquel escaparate, delante a aquellos zapatos, delante a aquella mujer.
El barrio rojo de Ámsterdam es así. Das vueltas y vueltas, como jodida abejita, hasta que no das con tu miel, llamese como se tenga que llamar, al final te pringas.
Sabía, más o menos, lo que podía encontrarme allí dentro, en aquella casa, alcoba, nido, postribulo.
En cambio, no sabía lo que podía dejarme. Como siempre, uno cree que sus propios descubrimientos son diferentes, únicos. Podía ser la más puta de las putas o la más despiadada asesina: para mi, era la mirada más inocente con la cual me había cruzado en mucho tiempo.
Es así, dos horas de una tarde bastante cualquiera pueden matar muchos años de una vida demasiado cualquiera, hecha de consentimientos sin tragar, de pensamientos robados y palabras de sobra.
Antes de salir de aquel escaparate y poner en serio peligro mi porvenir, aprendí, que aunque beses en la boca a una puta, tienes una esperanza de salvarte.
Consiste en esconderle el cuchillo que guarda debajo del colchón y sobretodo en no perderte por más de unos segundos en aquellos ojos de niña inocente.


