Archive for the ‘Trilogía’ Category

Historia roja

Lunes, Marzo 24th, 2008

 05.jpg

Pasé una y otra vez delante a aquel escaparate, delante a aquellos zapatos, delante a aquella mujer.

El barrio rojo de Ámsterdam es así. Das vueltas y vueltas, como jodida abejita, hasta que no das con tu miel, llamese como se tenga que llamar, al final te pringas.

Sabía, más o menos,  lo que podía encontrarme allí dentro, en aquella casa, alcoba, nido, postribulo.

En cambio, no sabía lo que podía dejarme. Como siempre, uno cree que sus propios descubrimientos son diferentes, únicos. Podía ser la más puta de las putas o la más despiadada asesina: para mi, era la mirada más inocente con la cual me había cruzado  en mucho tiempo.

Es así, dos horas de una tarde bastante cualquiera pueden matar muchos años de una vida demasiado cualquiera, hecha de consentimientos sin tragar, de pensamientos robados y palabras de sobra.

Antes de salir de aquel escaparate y poner en serio peligro mi porvenir, aprendí, que aunque beses en la boca a una puta, tienes una esperanza de salvarte.

Consiste en esconderle el cuchillo que guarda debajo del colchón y sobretodo en no perderte por más de unos segundos  en aquellos ojos de niña inocente.

Historia negra

Miércoles, Marzo 19th, 2008

No fue culpa mía si no sentiste nada, si no te pudiste correr, no te pasaba ya, ni cuando te masturbabas.

Pero tenías que justificarlo, justificarte, como siempre: me escupiste en la cara y te reíste de mí. Luego recortaste mi sonrisa, con minuciosa dedicación, me arrancaste los sueños y los desfiguraste con alevosía.

No te diste por satisfecho, me quisiste sacar una foto en aquel ultimo instante.

Mientras, me susurrabas al oído, cuanto asco te daba mi estúpida ingenuidad, la facilidad con la que te había abierto mis puertas y mis piernas.

Ahora que estoy quemándome viva aquí en la cama, no te voy a odiar porque sé que te halagaría. El único y ultimo consuelo es saber que serás obligado para siempre  a respirarte, a jadear ese olor a putrefacción que desprendes.

Historia blanca

Martes, Marzo 18th, 2008

                            ventanas.jpeg                               

¿Puedes imaginar un tálamo montado en el medio de una manzana de bloques amontonados?

Llegamos con el primer tren, sin ningún plan en concreto, como dos fugitivos.

Nos empeñamos en perdernos en los callejones más escondidos de la ciudad.

Al final, atracamos en aquel mercadillo, donde se mezclaban todos los colores y los olores, que necesitábamos para atrevernos en nuestra aventura más anhelada.

El amo de llaves, fue aquel chico de largas trenzas, que enseñándonos sus pequeñas obras, entre una calada y la otra, nos voló hasta nuestra alcoba nocturna.

Solo los ojos amarillos de las ventanas, que abarrotaban aquel patio, fueron testigos de los suspiros que salieron de la caseta de campaña, montada en el medio de aquel patio.

Por la mañana temprano, nos despertamos  al son de pequeños golpes sordos.

Vimos caer naranjas desde las ventanas. Quizás fue el primer signo de molestia por parte de algún vecino. Nunca hubiera podido esperar un desayuno mejor.