Archive for the ‘Historias Mozzarella’ Category

Hurgando en la basura

Miércoles, Junio 11th, 2008

Esto no es lo que parece.
No se trata de un viaje de exploración por los antros más apestosos del alma. No.

Es la historia de dos barrenderos, que como todas las mañanas, elegían al azar una de las tantas bolsas de basura, entre las amontonadas en los contenedores, que tenían que vaciar.
Aquella mañana, la sorpresa no cabía en sus rostros, al abrir la caja del tesoro caída en suerte: una ropa interior masculina con un peculiar y dulce olor a gato, como si del mismísimo traje de “Catman” se tratara, una tabla de picar ajo con una luna negra quemada encima, una botella con un ojo, quizás el tercero de alguien; una cajetilla perteneciente a un vice rey, unos pañuelos de una tal reina, una lata de sueños, una pagina arrancada de un libro con  unas palabras: ” Tu no me veías, pero aquel día me sentía hermosa, me fui maullando”.

Todos tenemos algo escondido,
y yo como todos tengo lo mío.
Amor y golosinas sueños perversos,
y Gerard Depardieu diciendo versos.
Amor y golosinas sueños perversos,
y Gerard Depardieu diciendo versos…
P.G.

Invitados

Lunes, Mayo 26th, 2008

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Decidió avisarla antes, para no desmentirse en su fama de caballero y persona de modales integérrimos.
Después halagarla, como siempre, con una cantidad excesiva de piropos, le comentó si no le importara, que a la cena de aquella noche, asistiera también un colega suyo de toda la vida.
Ella respondió que no, que en absoluto, que todo lo contrario y que incluso ella tenía una invitada especial para aquella velada.
Él se presentó puntual y impecable como siempre con su traje oscuro y la corbata de seda; detrás de él, el invitado.
Querida, te presento mi inseparable compañero: Desprecio.
La anfitriona hizo los honores del caso, les hizo acomodar en el salón, mientras desde la puerta del baño, hacía aparición la otra desconocida protagonista de aquella noche: Ilusión.

Después de un par de aperitivos, los cuatro se sentaron alrededor de la mesa, listos para saborear las exquisiteces preparadas.
La anfitriona se lució en todo momento, para que la noche mantuviese su ritmo, pese a la expresión inapetente del invitado, a alguna que otra salida cínica de Desprecio y a las miradas desvanecidas de su amiga Ilusión, que por cierto tenía una tez siempre más pálida.
A la hora del postre, Desprecio ya visiblemente ebrio, soltaba chistes, que expresaban una mezcla entre pena y disgusto hacía Ilusión.
Cuando la pobre, ya medio mareada, cayó redonda al suelo, el invitado codeando con su colega, se apresuró en inventar una tempestiva excusa para largarse rápidamente.
Mientras anfitriona y invitado se despedían con mil carantoñas, Desprecio, desapercibido, se acercó para concederse el verdadero lujo de aquella noche. Se puso a chupar voluptuosamente un dedito de Ilusión y para  terminar su ritual, con una mueca retuerta  escupió encima de aquel cuerpo inerte, sin que nadie de los presentes se percatara de su  expresión excitada.
Cuando los dos se fueron, la anfitriona acercándose a su querida Ilusión, allí tendida en el suelo, notó que el corazón ya no le latía.

Ahí corazón

Sábado, Mayo 24th, 2008

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 -Siempre ha destacado por ser una chica de muy buen corazón.
Los dos convinieron, mientras él colocaba distraídamente los platos en la mesa y ella daba el último toque a aquel guiso palpitante.
- Un poco vulgar, pero con un corazón exquisito, insistió ella.
Él asintió con una mirada ausente, que parecía casi nostálgica.
-Por favor cariño dime a que sabe ese último latido. Sabes que me gusta lucirme cocinando para ti.
Sonrió fríamente, le sirvió y saboreó su primer bocado.

El chucho

Martes, Abril 8th, 2008

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A Doña Carmen, el chucho últimamente le estaba dando muchos quebraderos de cabeza. Aquel perro negro y flaco, siempre le había resultado raro, desde que se había cruzado con él la primera vez, una noche, mientras paseaba por el parque. No recordaba bien, quien había seguido a quien. Ni se atrevió a ponerle nombre: hubiese vuelto, mientras hubiese querido. Entre los dos se hubiesen entendido, sin tantas tonterías.
No, no era como las demás lindas bolitas de pelo, con   nombres absurdos, que arrastraban sus amigas. De eso realmente no se podía quejar, no lo hubiera soportado. Alcanzaba un chasquido de la dueña y esos bobos, corrían detrás de la falda en cuestión, se tiraban al suelo, soltaban todo tipo de carantoñas, a cambio de una orgullosa mirada, una palmadita y el suculento hueso del caso.
Él no, nada que ver, pasaba de ella olímpicamente. Esa por lo menos era la primera impresión de un observador poco atento.
No pasaba mucho tiempo con ella y de salir juntos ni hablar, era un perro libre, hasta la medula, por eso le gustaba tanto el jodido. Vagaba por días y de repente reaparecía en casa, como si tuviese un montón de historias que contarle, alguna cierta y otra de dudosa naturaleza, como buen farandulero que era. A Doña Carmen le daba un poco igual, porque secretamente estaba feliz de verle reaparecer. Cuando se ponía en su regazo, emitiendo un ronco gruñido y lamiéndole la cara, para ella el tiempo se paraba.
Ahora que se hacía un poca más vieja y un poco más chocha, por la noche le hubiese encantado tenerle cerca alguna vez, pero intuía que estaba por allí con alguna perrilla o con los macarras, con que solía juntarse. O igual no, fantaseaba, “su ” imprevisible perro, estaría ladrándole a la luna.
Pero, de un tiempo a esa parte, había empezado a aparecer todo arrañado, su pelo ya no lucía como siempre y sobre todo no tenía aquella mirada fiera y salvaje de siempre.
Doña Carmen, que ya había pasado muchas batallas, percibía que algo iba a pasar.
Aquella última noche en que apareció por casa, mientras ella se hacía la dormida, lo descubrió a sus pies, mirándola a la vez, con tristeza y ternura.
Se dejó dormir, al día siguiente el chucho ya no estaba, ni hubiera vuelto a estar.
Doña Carmen, que había cuidado con mucho esmero su imagen de vieja solterona arisca e independiente, no pudo permitir que los vecinos la vieran, por primera vez, en aquel estado de desconsuelo sin remedio, cerró la casa y se fue del barrio.

El periódico del lunes

Lunes, Abril 7th, 2008

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Me encantaría abrir el periódico de hoy lunes y encontrar mi foto sacada ayer en la playa con sol.
En medio a las noticias futboleras, a los relatos de carretera y algún que otro escándalo, precisamente, hay una foto de las Canteras. Reconozco entre las sombras en sepia mis amigos, en medio, una toalla vacía, yo no estoy.
Me detengo con la mirada entre las noticias sensacionalistas que se inventan para rellenar columnas, fíjate que se le ha ocurrido esta vez.
Hay otra foto de la playa, ya a la anochecer, un grupito de gente en la orilla fijando hacía el horizonte.
El comentarista detalla los cuentos de algunos de los presentes que aseguran haber visto desaparecer en el agua una mujer de trenzas rubias, sonrisa perdida y cola de pez.
Mientras me sacudo de la espalda alguna escama y vuelvo a enlazarme el pelo, pienso que debería dejar de gastarme el dinero en esos entretenimientos de papel, hechos a medida para quien no quiere dejar de creérselo todo.

ANA

Miércoles, Abril 2nd, 2008

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 Ana desde luego, no había empezado su recorrido por el mundo como la típica chiquilla de trencitas rubias, calcetines de rayas y sonrisa de oreja a oreja. Desde niña, la supuesta sonrisa se le había crispado, cuando sola en su cuarto, apestoso a taberna, ni siquiera sus muñecas le respondían, mientras esperaba que regresase la madre. Esta aparecía a menudo de madrugada con hombres, de semblantes poco parecidas a las del padre. Él en cambio estaba demasiado entretenido con sus vicios de machorron, para darse cuenta del destino de ambas.
Con el pasar del tiempo los autocuentos de Ana para dormirse se fueron poblando inevitablemente de seres siempre más oscuros.
El día que pasó lo que pasó, ese famoso día, el tiempo se paró en su mente por un instante: un solo segundo, como si hubiera puesto la mano en un enchufe de corriente. Fue dar media vuelta sobre si misma y salir de la casa sin dar explicaciones. Volvió a aparecer solo unos cuantos días después.
Los padres no notaron ningún cambio especial; tan ocupados entre abogados, jueces y hospitales. Para Ana fue el principio de una nueva época.
En dos noches había logrado cambiar el mundo: construir un universo nuevo, fantástico e inexpugnable, donde ella era princesa, guerrera y dueña absoluta. Nadie podía tener acceso sin su consentimiento, nadie podía alcanzarla.
Era un mundo de ensueño, pero con su lógica intrínseca, en él era difícil hacerse daño. Los ladrones se ocupaban simplemente de redistribuir la riqueza. Las mentiras existían, pero finalmente se desvelaban y hasta las más turbias llegaban a ser inocentes. Las borracheras más solitarias se podían transformar en un festín para recordar algún día. Los embusteros eran profesores de mucha sabiduría y las mujeres malvadas, pobres reinas destronadas, con algo que contar.
Todo iba bien, siempre había miles de aventuras de las cuales disfrutar. Con el pasar de los años y ya mayorcita, se había ganado el respeto en los ambientes más disparatados: desde los círculos de las altas finanzas, a las casas de putas, a los entornos de criminales peligrosos e incluso en algún círculo religioso (quizás por el íntimo parecido entre todos esos).
Hasta que un día pasó lo que pasó, el tiempo volvió a pararse en su mente, por un instante, un solo segundo. Sí, sí, fue lo mismo que poner la mano en un enchufe de corriente. Todo ese mundo fantástico se vino abajo de un tirón, como un castillo de naipes.
Esta vez no hicieron falta insultos, ni puñetazos, ni policía, como le tocó a su madre tantos años atrás. Le alcanzó solo un gesto cínico de asco de aquel hombre, que se había insinuado en su vida, poco a poco, hasta desnudar algunos de sus trucos más secretos.
Fue dar media vuelta sobre si misma y salir de la casa sin dar explicaciones. No volvió nunca más.

El ascensor

Jueves, Marzo 27th, 2008

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…Suspenso, vacío, encierro, vorágine, elevación…

Pesadillas? Un paréntesis vital metaeschizoparanoico? O el mono del yonqui de la esquina?

No, nada de todo eso. Se trata del dichoso ascensor, que ha vuelto a bloquearse otra vez, la tercera en dos semanas y esta vez, la ganadora del premio gordo he sido yo, claustrofobica de fama mundial.

Me he agarrado con fuerza al ultimo trapo de raciocinio, que me quedaba y he intentado marcar el numerito azul, esculpido en la reluciente placa plateada, clavada allí, encima de mi cabeza.

Una voz, con tonalidades entre el  humano y el androide, me ha  contestado “Scinderpinguis buenos días”. Yo reconfortada, al constatar que había todavía vida fuera de mi cubículo, he empezado a soltar mi verborrea de mujer histérica. El androide me corta enseguida ” Datos, dirección, numero de serie”. Contesto como debido, sin enseñar  rastros de ira, debido a la precariedad de mi situación y el alíen me despacha rápidamente con un :”Nuestros técnicos la atenderán lo antes posible”.

Y ahora que ? Que no cunda el pánico… mientras lo más normal sería empezar a patalear la puerta, soltando improperios… Pero no, me calmo, vuelvo con la memoria a las cantidades de anécdotas, chistes, fantasías eróticas sobre los ascensores y la verdad que ninguna encaja con mi actual estado de ánimo. Por  lo menos hasta el rescate, supuesto…, quedan descartadas substancias alucinógenas,  tabaco, excitantes, alcohol y incluso actos de onanismo.  

A esas alturas y con el culo tan al aire, qué me queda? Mi entretenimiento favorito, la contorsión mental, vulgarmente llamada reflexión.

Y es así, en una de mis iluminaciones,  que me doy cuenta de estar suspendida precisamente en la metáfora de mi vida. Un cubículo colgado de un hilo, a veces en espera de rescate, dándole forma al tiempo, con artistica gana y pasión. Consciente de estar de todas formas, encima a un hueco negro, sin embargo vislumbrado, a ratos, la luz proveniente desde el azotea soleada.

Y plaff…, de repente un fuerte estruendo, me hace vibrar hasta la medula, creo  incluso  de haber perdido, por un momento, el conocimiento . En la siguiente imagén que recuerdo,  me encuentro en un estado de ensueño, tendida en el suelo y libre por fin. Miro alrededor para ubicarme.  Sí, no hay dudas, estoy en el azotea, al atardecer. A mi lado, un gato me está lamiendo la mano.